lunes, 2 de julio de 2012

PolitiCat






Más allá de lo que decían las señoras en las charlas de peluquería, yo seguía creyendo firmemente que tenía libertad de decidir lo que quería para mi vida. Nadie me avisó que mis palabras tendrían menos valor por estudiar lo que me gusta, o por trabajar de estatua malviviente.


Me resulta gracioso el discurso del discurso. Yo tenía entendido que la reputación se obtenía mediante la acción. Ahora veo que todo es un bello juego de palabras, de argumentos retwitteados, de debates sin contenido, pero con un cuadrito de honor colgado en una pared con humedad.


Eso me pasa con la política. ¿Cómo es posible no estar interesado en algo de lo que formo parte?. No voy a asentir con la cabeza solo para que me miren a los ojos, mientras despliegan su manual de principios y brindamos con champagne.


No subestimo su importancia querida disciplina. Probablemente usted sabe cosas que nunca sabré. Posiblemente no aprendí lo suficiente, y deban condenarme al exilio o a hacerme cargo de la situación social caótica.


Como todos, en algún momento creí nacer para hacer un cambio. Lo que tengo para decirle, es que usted es cada vez menos obra y más palabra. Entonces no encuentro la gran diferencia con un miserable como yo.


Entonces no debería sentirme culpable de no haber pasado horas y horas de mi vida tratando de comprenderla. Tampoco tendría que obligarme a sentirme identificado con sus honorables "referentes".


Podrán encontrar la fórmula exacta, el conocimiento científico más certero, el argumento con mayor prestigio, pero nunca me condenarán al silencio. Mi ignorancia y yo seguiremos levantando la mano, hasta que no tenga más fuerza para hacerlo.


Y seguiremos banalizando la realidad, cada vez que sea necesario, porque hay espacio para todo, ¿o no?. Tetas y Culos para todos!

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